La búsqueda de bienestar es por naturaleza humana algo que se persigue en la vida. Existen obstáculos que muchas veces y de acuerdo con la edad que tenemos y las experiencias que nos toca pasar, positivas o negativas, influyen directamente en ese sentimiento de tranquilidad tan anhelado.
Lo rápido de la vida en la actualidad muchas veces impide que reflexionemos ¿Qué me quita ese bienestar? ¿Qué me impide la paz interior? Pero cuando lo hacemos, en la gran mayoría de las personas, aparece como una pesadilla una emoción que es a mi parecer de las más duras y difíciles de identificar y trabajar para eliminarla: la maldita culpa.
La culpa es una emoción que funciona como un sistema de alarma interno y surge por la creencia o la sensación de que cometimos o estamos cometiendo un error, y que con ello trasgredimos o lastimamos, sobre todo si esto ha derivado en un daño. Y es aún mayor si se lo causamos a una o varias personas.
En la psicología se dice que existen dos tipos de culpas: la culpa sana que nos permite reconocer malas acciones, darnos cuenta de ellas y modificarlas; y la culpa patológica, que es cuando se vuelve excesiva e irracional y muchas veces desencadena ansiedad y depresión.
Para identificar si la culpa está influyendo de manera negativa en tu vida, te propongo que revises si alguna de las emociones que te comparto las has sentido o la tienes presente en tu vida cotidiana:
- Sensación de ser mala persona o de que eres responsable de todo.
- Dificultad de pensar en uno mismo, de quererse por tener miedo a ser egoísta.
- Dar más importancia a lo que quieren los demás, o querer ser percibidos de manera positiva siempre por los otros.
- Sentimientos de valer o ser menos.
- Pensamientos negativos recurrentes.
- Arrepentimiento constante por algún error cometido o por vivir en ese error y no modificarlo.
Siempre he pensado que cuando somos nuestros peores jueces, demasiado duros con nosotros mismos, estamos destinados a vivir esta maldita culpa que nos impide gozar la vida de una manera libre y sana. Todos cometemos errores, escuchamos hasta el cansancio que de ellos se aprende, pero liberarnos de una manera real de ellos es un trabajo que debe ser voluntario y constante.
Aquello que en apariencia no queríamos decir y lo hicimos causando dolor, una conducta que lastimó a otros, la elección errónea de personas que causaron daño, riesgos en negocios y economía que salieron mal, conductas negativas por consumo y una lista interminable de situaciones con las que cargamos en ese costal tan pesado que nos impide aligerar y gozar de la vida deben ser identificadas y eliminadas, ya que ese peso que cargamos en nuestro día a día impide el anhelado estado de bienestar.
Es momento de recuperar tu confianza ante los demás y ante tu vida y dejar de sentirte culpable para empezar a sentirte responsable, desde una actitud que te ayude a mejorar sin castigarte y quitarte energía.
Sin duda, una de las mejores opciones para ello es la terapia, y algunas acciones que pueden ayudarnos, como el darte tiempo y valor a tus cosas, el ejercicio, la lectura, la risa y buenos momentos con los nuestros, la naturaleza, las actividades que por elección sean de tu gusto y te den tiempo para ti.
En la medida en que aligeremos el peso, y seamos plenos y conscientes de que todos merecemos ser felices, los que estan a nuestro alrededor y queremos lo serán también.
Feliz vida sin la maldita culpa.
Nos seguimos leyendo por aquí.



