Si algo disfruto, es salir a correr por las calles de pueblos y ciudades de cualquier país.
Siempre he pensado, que veo muchas cosas que no podría percibir y aprender, si no lo hiciera. Por lo general, me gusta salir temprano, entonces veo como las comunidades se despiertan, como se mueven las personas y sus diferentes formas y estilos de vida. Algo que siempre me llama la atención, y es literal en todo el mundo, son los adultos mayores; abuelas y abuelos que suelen ser madrugadores y dependiendo del lugar en donde esté, están trabajando, paseando a sus mascotas, dormitando en solitario en alguna banca, barriendo el frente de sus viviendas, recargados fuera de alguna cantina en soledad o ejercitándose, pero en su gran mayoría van sonrientes y me saludan con una enorme sonrisa “bonito día” “que Dios la acompañe” “quién pudiera correr así” o alguna reverencia, como en el caso de países de oriente, pero en su mayoría cálidos y sonrientes. Me hacen reflexionar sobre el sentido y destino de la vida y lo rápido que pasa.
En días pasados, en la ciudad en donde vivo la mayor parte del año, San Luis Potosí, al ir corriendo por la calle, observaba como una mujer mayor, iba con una bolsa de plástico grande, y unos guantes en su mano, recogiendo cacas de perro.
Yo buscaba a su mascota, pero no llevaba ninguna. La pasé y me saludo muy cordialmente, cuando a mi regreso me vuelvo a cruzar con ella, no pude con la curiosidad, hice una pausa en mi entreno, me detuve tratando de seguir su paso y le pregunté que, si ella estaba limpiando los desechos en ese gran camellón de la zona poniente de la ciudad, pero sin su perro. Me respondió tan linda y amable sin dejar de caminar a muy buen paso “lo hago todos los días si puedo, si me siento bien, si no, de perdido tres días a la semana” y se agachó a recoger una caca más, vaciándola en la bolsa que se veía casi llena. Al cuestionarle el por qué lo hacía, me respondió: “No es bueno que la gente respiremos los desechos, no es agradable pisarlas y llevar ese olor y suciedad a nuestras casas, vienen niños y no es higiénico, no sé porque las personas no se hacen responsables de los desperdicios, pero si yo puedo ayudar y evitar a que sea una molestia para los demás, mientras pueda moverme, lo seguiré haciendo”
Les mentiría si les dijera que por unos instantes no me quedé anonadada. En pocas frases y acciones, me dejo la cabeza llena de emociones y sentimientos que más tarde serían reflexiones. Me despedí de ella agradeciéndole lo que hace, y con una sonrisa y un “que Dios te bendiga preciosa” retomé mi trote hacia casa, agradecida de tanta enseñanza.
Hay personas en la vida, que van tirando sus desechos (de todo tipo) esperando que alguien más los limpie, los arregle, sin jamás hacerse responsables de lo que afectan en la vida de los que tienen cerca.
Hay algunos otros que parece que sacrifican su vida limpiando suciedades ajenas, viviendo frustrados y esclavizados a conductas que normalizaron durante mucho tiempo.
Hay personas también, que saben en donde tirar lo que sobra, que trabajan en ellas y se hacen responsables de sus conductas y desechos. Personas que suman, que valoran que son empáticas y saben hacer equipo con los que quieren.
Me encanta recordar como uno de los psicólogos infantiles que más admiro por su trabajo, y con quien tuve el gusto de trabajar muchos años, le escuchaba decirles a sus pequeños pacientes “venir a terapia, es como cuando te da un torzón en la panza, que te duele y a veces mucho, pero vas al baño, haces caca, le jalas y te sientes muchísimo mejor” “aquí hay que venir a sacar todo lo que nos duele y estorba y ponerlo en el lugar indicado”
Todos tenemos y cargamos desechos que se acumulan a lo largo de la vida, y no hay mejor sensación de paz y tranquilidad, que trabajarlos, sacarlos y hacernos responsables de ello. La vida se siente mucho más ligera y el corto camino de la misma, se goza mucho más.
No dejemos las cacas en el camino, no vivamos recogiendo los de los demás.
Marianela Villanueva P.
Gracias por tu lectura.



